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Maitale Kutuna / Lauaxeta / Errenteriako Olerki Eguna, 1930

Un nuevo poeta vasco J. Aitzol / El Día, 1930-06-04

(Maitale kutuna)

Inútil fuera la ridícula pretensión de querer revelar como novel poeta, o descubrir los méritos de su inspiración a quienes se interesen por el progreso de la república literaria vasca, cuando desde hace algún tiempo, ha podido apreciarse en las páginas de la prensa vasca las delicadísimas producciones originales o traducidas, llenas de exquisito sentimiento del lírico Lauaxeta.

Sin embargo, todo artista, para sentar ante el público su bien cimentado prestigio, necesita de lo que, de una u otra manera, puede llamarse su consagración. Es, entonces, cuando de la categoría de incipiente o novel, reconociéndosele derechos incuestionables, pasa al plano superior de artista prestigioso.

Y, esto es lo que, al concedérsele el premio del verdadero símbolo artístico-vasco, la plateada Rama de Roble en la Fiesta de la Poesía Vasca al señor don Esteban de Urquiaga, ha sucedido. Poesía dignísima de ser premiada con tan honorífico galardón al par, que el haberlo merecido tan prestigioso poeta realza a muy subido grado el valor del galardón, que anualmente se concederá, a la mejor poesía, con motivo de la celebración del Día de la Poesía Vasca, instituída, sabiamente por la Sociedad “Euskaltzaleak”.

Hemos visto desfilar ante nuestros ojos, traducidas al idioma vasco poesías encantadoras de poetas modernos renombrados, desde el tierno Francis Jammes, el artísta del detalle, hasta el revolucionario artístico Baudelaire, padre y fundador de la escuela parnasista francesa. La nota sentimental, los plácidos y tranquilos efluvios del corazón hacia una exquisita ternura son las principales características de las producciones artísticas de Lauaxeta. El delicado sentimentalismo de Verlaine, Sully-Prudhomme, Guido Mazzoni, Coppée y Heredia, ha hecho vibrar, sin duda, el estro poético de Lauaxeta. Más que las patéticas, tristonas y sombrías concepciones de Lamartine, Musset y Victor Hugo, creadores de la escuela romántica, han agradado a nuestro poeta vasco la actitud, más digna, de surcar tanta estéril y retórica lágrima, como aquellos vertieron, y replegarse, huyendo de los afectos vulgares, a “la región de los sentimientos exquisitos, delicados, tenues, vagos y aristocráticos”, valiéndonos de la frase del crítico Lamaitre.

Y todas estas cualidades de un sentimiento privilegiado, encontramos en la poesía premiada “Maitale Kutuna” —“la Enamorada Predilecta”—. Poesía tenue, vaporosa, aristocrática, con una unidad perfecta en su concepción y contextura armónica en la metáfora, rica en comparaciones y símiles, en la que cada estrofa es como una perla y cada verso una brillante irisación.

Un corazón amoroso canta, ansioso, las bellezas de la enamorada que desconoce, pero a la que el corazón, de alguna manera, adivina y presiente. Dibújase a esta doncella con pinceladas de pureza inmaculada y de belleza extraordinaria. En toda la poesía parece sentirse el ténue aleteo de lo celestial rozando, apenas, los lirios del campo con el aire suavísimo de las alas desplegadas.

En esta poesía todo es discreción; el amor hacia el amante, ciertos detalles íntimos de la vida, la intervención de la Providencia, llevan el toque de una mesura, nada vulgar.

En nada, la forma externa del verso desmerece del concepto subidísimo. La gimnasia versificadora de Lauaxeta, al traducir a nuestro idioma las creaciones difíciles y costosas del concepto y forma de los poetas modernos, le ha valido la ágil destreza para construir una versificación modelo. Ni podía ser de otra forma, ya, que él, tan aficionado al parecer al Parnasismo francés, que rinde tan idolátrico culto a la forma versificadora, se ha esmerado pacientemente en adquirir la justa medida del verso, tan mal apreciada por la mayoría de nuestros poetas, faltos de dirección e instrucción en el arte métrico. Esto se advierte, también, en muchos de nuestros incipientes poetas o versificadores, que jamás se han tomado la molestia de leer, ni ligeramente siquiera, las sabias reglas del arte-métrico que, en su Ortografía del Euskera Vizcaíno, trazó Arana-Goiri.

Por eso, sus estrofas abundan en versos poco sonoros y de pies quebrados.

El argumento que, tan artísticamente desarrolla Lauaxeta en su magnífica poesía ha sido tratado por otros poetas franceses y españoles. En efecto, dos hermosos sonetos, el uno de Félix Arvés, “Mon ame a son secret” y el otro de Paul Verlaine, “Mon rêve familier”, han tratado o, mejor dicho, indicado a este poético tema del ser querido desconocido. Pero el asunto desarrollado por el poeta vasco es más completo y definido, más subido y espiritual, y, a nuestro juicio, superior por el conjunto de los renombrados artistas franceses. ¡No han de parecernos insólitos, más que sobrados, para el premio de la Fiesta de la Poesía Vasca, el que en euskera se haya producido una poesía que dignamente pueda codearse con las que figuran, como modelos, en una literatura tan magnífica como la francesa!

También, uno de los más renombrados poetas castellanos, el charro Gabriel y Galán en su soberbia poesía “Tradicional” indica, como de paso, desahogando las ansias, de un casto y honrado joven, bellos conceptos parecidos al tema que traemos entre manos:

“Donde quiera que estés, mujer hermosa,
predestinada esposa,
que merezcas aquí posar tu planta…
Ven, casta virgen, al reclamo amigo
de un alma de hombre que te espera ansiosa
porque presiente que vendrá contigo
el pudor de la virgen candorosa,
el casto amor de la leal esposa,
la gravedad de la mujer cristiana”.

Nada de esto resta mérito alguno a la poesía de Lauaxeta, porque la idea poética, en sí misma, se haya ofrecido a la inspiración de varios poetas. Esta misma coincidencia eleva su valor, porque ha sabido revestirla de originalidad y novedad, no halladas en otros, y porque la idea es desarrollada con más armonía y amplitud en el conjunto.

Como en germen se halla encerrada en la tierna balada vasca del Vizconde de Belzunze “Gabako kantua” la concepción, ya varias veces mencionada.

¡Pero qué avance más consolador en la poesía, qué progreso tan apreciable, entre las rimas y el lenguaje del aristócrata poeta y ésta del poeta aristocrático, laureado!

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