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Arrats beran / Lauaxeta / Verdes Atxirika, 1935

El heraldo de la poesía bizkaina J. Aitzol / El Día, 1936-06-26

Su revelación se debió al I Día de la Poesía Euskeldun. Nadie ha sabido que en Bizkaia, desde entonces, le haya arrebatado la primacia poética.

Tres son los más recios eslabones que forman en la cadena de poetas bizkainos: Arrese-Beitia, Sabino de Arana y “Lauaxeta”. En ese desfile de artistas hubo otros creadores, Zabala, Etxeita, Eusebio de Azkue el buen vate lekeitirra injustamente olvidado. Al que el domingo, precisamente vamos a rememorar.

“Lauaxeta” forma el vértice del númen poético de Bizkaia. El ha coronado a los que le precedieron; tras él vienen los jóvenes renovadores Onaindia, Erkiaga, Muniategi… Tal vez, los que vengan lo superen, mas, Esteban de Urkiaga pasará a la historia de la literatura euskaldun como el prototipo de la poesía bizkaína en una etapa de renacimeinto vigoroso.

En nuestra misión de crítica literaria pretendemos como primer empeño, encerrar en un juicio sintético la fisonomía del artista. Jamás nos damos por satisfechos sin haber conseguido reducir las características de la obra literaria a unos rasgos breves, pero recios…

Casi estamos por confesar que este intento nuestro fracasa en “Arrats Beran”. Hemos hecho la disección de cada poesía; hemos estudiado su anatomía. Pretendíamos establecer con las analogías halladas el rasgo fisonómico.

Todo ello ha sido infructuoso. Las poesías que “Lauaxeta” ha encerrado en su tomito de “Arrats Beran” son reacias a una metódica clasificación. Cada poesía poesía es una rebeldía artística; una subversión intelectual a la disciplina.

Todas son bellas; pero todas diferentes: Más aún, son tan tenues de factura tan delicadas, de contenido tan sutil que se deslizan de entre los dedos del crítico, sin que este logre precisar su valor.

Me ocurre con las composiciones de “Arras Beran” lo que al poeta con su jovencito de “Neskatxu gorriska bati”, que al pretenderla pasear entre los maizales dorados de la ribera desapareció, bañada en mares de luz.

Y, es que la impresión, generalmente, rápida escapa, muchas veces al observador. Y, así son las poesías de “Lauaxeta”. Impresiones que infunden una rápida emotividad artística. Si se desea hallar su causa o examinar su naturaleza, se encuentra con que aquella sensación ha desaparecido.

Todo en “Arrats Beran” obedece al impresionismo momentáneo. El poeta ha sido herido súbitamente por una inspiración simple; inspiración, que es portadora de una idea sutil, fina, delicada. Cáptala, rápidamente la fantasía para envolverla en una imagen fugaz y queda plasmada en una poesía breve, ligera, intrascendente.

No son, con todo, tan rebeldes las poesías de “Lauaxeta” que no se pueda precisar, aunque con cierta imprecisión, su silueta en “Arrats Beran”.

Este librito nos recuerda su primera producción poética, “Bide Barrijak”. En sus páginas latía la inquietud del amor. Por eso nos aventuramos a llamarle el Petrarca euskaldun. Tuvo su precursor y, tal vez, sea el más afín de “Lauaxeta”, el zuberoano Oihenart, el cantor empedernido de una juventud repleta de amores.

Sin que el tema heróico sea tan insistente como en “Bide Barrijak” es el “leit-motiv” de muchas composiciones de “Arrats Beran”. Ciertamente más velada y cautelosamente insinuado, pero, quizás, tan hondamente sometido.

Tal vez, haya de reprochar al poeta euskaldun ciertos resabios e influencias del Renacimiento italiano moldeado en los cánones de una estética pagana. Mas este ínfimo contacto no es tanto como para rasgarse las vestiduras, según alguien, con celo jansenista, lo hiciera.

Ni es para sobresaltarse la descripción de “Sevres’ko murkua”, exótica, ciertamente, por su fondo y no muy euskaldun por su forma. Los impulsos del poeta son, por lo regular, inclinados a rebosar los bordes de toda preceptiva y más cuando brotan de quien alienta la nobilísima ambición de crear nuevas formas y conquistar caminos insospechados de grandeza para su idioma.

Hay intentos de renovación muy bien logrados en “Arrats Beran”. Y el más destacado es el de un género nuevo, el del romance. Si éste evoca, algún tanto, su entroque con romances antiguos, no es tan servil que no haya en aquél originalísimas aportaciones. Puede, que el cauce sea viejo; pero por él discurren aguas nuevas.

Entre otras, pertenece a este género “Artzain baten eriotzean”. Escojo ésta porque evoca en mí el recuerdo de otra poesía euskaldun antigua, y desconocida totalmente, que puede pasar por un romance perfecto. Se titula “Arrebari Bizita”. Cántase en una de estas estrofas:

“Zazpi puñalada dodaz
neure gorputzian
zortzigarrena deraukat
biotzaren erdian”.

Heridas inferidas por su propio esposo. Esta y otras que tengo recogidas, demuestran que nuestros poetas no descuidaron este género, que ahora, notabilísimamente perfeccionado, renueva “Lauaxeta”.

Romances bellísimos son “Etxeko alabea” y la encantadora “Bolutxu zurija” y su gemela “Txiribogiñaren alabea”.

Y, ya que enumeramos aciertos no silenciemos el que tan grato nos es: el retorno a la poesía popular. “Lauaxeta” ha ensayado la tarea de labrar poesías de subidísimo sabor popular. Composiciones como “Mutxurdiña” y “Ardaua ta Atsua” demuestran que el poeta sabe descender hasta las entrañas del pueblo, para de él extraer filones de ironía y de gracia burlesca.

Quede ya silencioso el cuaderno de notas. No hablemos de las metáforas originalísimas y de las imágenes nunca oídas. Esta inventiva prodigiosa va siendo una nota específica de los poetas vascos. En los vates extranjeros no alcanzamos a leer tales novedades. En los nuestros sí, porque son hijos de un mentalidad diametralmente opuesta, la euskaldun.

Una única recomendación final. En “Lauaxeta” ni la fluidez del verso, ni su trasparencia, ni el lenguaje, con ser exquisitos, rayan a la altura de su inspiración.

La imaginación creadora de Esteban de Urkiaga exige y su riqueza de fantasías pide un estilo adecuado para que aquellas puedan llegar al pueblo. Puede y debe ser leído por el pueblo “Lauaxeta”; no se debe privarle de las bellezas forjadas por éste. Pero el poeta, con un nuevo esfuerzo, debe tender a la nitidez de un estilo sencillo y trasparente.

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