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Biotz begietan / Xabier Lizardi / Verdes Atxirika, 1932
Una elegia Orixe / El Día, 1932-07-19
“Duéleme el corazón” se titula, y está dedicada a la muerte de su abuelita. “Duéleme el corazón con dolor resignado; dolor de llanto silencioso. Quedábame una abuelita. Hoy, al tiempo en que las golondrinas llegan, ella se ha ausentado”.
En otra sola estrofa describe el ambiente del campo, sin sol que las llegue a los lienzos tendidos en las ventanas sin jugar de niños en la calle. Las nubes muestran desgarrados flecos, ruge el mar en el pueblo costero de Zarauz.
Sin divagar en los más mínimo, al estilo clásico, entra a describir el sepelio. Un grupo de gentes, inmóvil, y de pronto:
ots, ots!
bizion oñok…
resuenan, resuenan los pasos de los vivos. Doble hilera de hombres con velas amarillas. Cuatro nietos llevan el cadáver. ¡Cúanto les pesa su liviana carga! Detrás van las mujeres.
Da lugar a otras piadosas consideraciones entrecortadas por el
ots, ots!
bizion oñok…
hasta que este rumor se interrumpe.
“Dejamos en alguna parte el cadáver. ¡Qué sé yo donde! Enpujáronme dentro. Temblaban muchas luces. Como un ebrio entré tambaleándome y nublados los ojos”.
El poeta, dejando de oír los pasos de los vivos, sigue escuchando el latido de su propio corazón:
ots, ots!
enegan, biotz!…
La abuela asiste a su postrera misa desde la puerta helada y rígida, donde ha quedado en soledad. Sigue resonando el corazón del nieto.
Begiok ere ditut,
noranai doazkit;
dantza nasi bat dabilt
irudimenean.
La traducción de esta primera parte de la estrofa, es muy difícil. La del autor no me satisface como ni tampoco la mía, porque se apartan bastante de la sencillez vasca:
“Tengo alocados los ojos, que me vagan sin rumbo; baila en mi fantasía una danza de confusión”.
En la segunda parte, rompe de esta manera:
Goruntz egik, biotza:
otoika lasa adi!
ixila sor ba dadi
ire barrenean!
“Alzate a Dios, corazón, desahógate orando si es que en tu interior puede renacer el silencio”. Precioso arranque lírico que brora de un creyente.
Una hora larga transcurre en el funeral… “nuestros brazos tomaron de nuevo la leve carga… Más tarde, sobre una loma, dimos en un silencioso pueblo. Es aquí donde se rompe aquella cadena de alegría y de dolor”.
Ol bat yaso ta ikusi
dut musu ximela;
parre-antxa bizirik
balirau bezela…
“Levantaron una madera y ví tu rostro arrugado sonreir ligeramente, como si aun conservase vida”.
ordun ixar bat biztu
du nere gau beltzak.
Begioi malko ixil bat
dardarka darite.
Noizbait itxaro-kabi
biur dan biotzak:
(ots, ots,
yauzika, biotz)
“Agur (oiuka dio)
“gorputz ximur, maite!
“Agur, amonatxoa
“Egun Aundirarte”.
“Entonces -dice- mi oscura noche encendió una estrella. De mis ojos mana temblando una silenciosa lágrima. Mi corazón, que por fin se convierte en nido de esperanza, (resonando, resonando y saltando) “Adiós” (dijo a gritos), “Adiós, pobre cuerpecillo querido! Adiós, abuela! hasta el Gran Día!…”.
Esta es la poesía que debiéramos haber transcrito integra. Sin ser la mejor del libro, es a mi juicio, la más acabada. ¡Que estupendo arranque lírico el final!
El género elegíaco no es fácil. En él han fracasado muchos buenos poetas clásicos y del renacimiento. El nuestro sale victorioso, sobreponiéndose a sí mismo, a toda artificiosa frialdad, a todo estudiado lamento. Ha sabido ser clásico en lo más dificil de serlo. Solo tiene un punto de modernista en la forma de escribir el estribillo:
ots,
ots,
bizion oñok…
¿Qué diría Virgilio si viese versos monosilabos? Verso etimologicamnte significa línea. Esa breve palabra se acerca más al punto.
El elogio fúnebre, tán de fórmula en estos casos, queda bien suprimido. Solo resuena un convincente “Adiós, abuela, hasta el Gran Día”, que entraña la mayor honra que se le puede atribuir.
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